dijous, 13 de gener de 2011

Argentina y la falta de papel moneda

Col·laboració especial de Nicolás Patrici per aquest bloc. Nicolás és doctorand en Ciència Política. Publica regularment columnes d'opinió a La Vanguardia sobre Argentina.
Argentina vive una situación política y económica extraña. Por un lado, hace 3 meses el líder político del gobierno murió dejando a su esposa, la presidenta Fernández, al mando total del gobierno. Tarea que llevó a Fernandez a bajar un poco el perfil público y a intentar sostener el  repunte en los índices de popularidad generada frente a la trágica muerte de su marido.
En medio de este clima político extraño, la Argentina vive una situación económica excepcional. Los precios internacionales de los granos, en particular de la soja, siguen creciendo a un ritmo tan grande que le permiten a la Argentina crecer a altas tasas sin sufrir demasiado su aislamiento económico (caída en las inversiones extranjeras y altas tasas de interés).
Sin embargo, el crecimiento económico argentino está acompañado de una alta inflación que el gobierno intenta disimular.
Con una economía en crecimiento, con ausencia de crédito -altas tasas de interés- y con una moneda que se devalúa a un gran ritmo inflacionario, la Argentina vive un boom de consumo: gastar el dinero es mejor negocio que ahorrar. El boom de consumo demanda, sobre todo en un período donde se inician las vacaciones de verano- dinero líquido.
Si la Argentina aumenta el circulante la inflación no sólo se dispararía sino que podría generar cierto pánico. Si la Argentina emitiera billetes cuyo valor superase los 100 pesos (20 euros), el efecto psicológico de pérdida de valor se haría también sentir.
La Argentina y su gobierno se enfrentan por tanto a una crisis de liquidez -que no es lo mismo que una crisis presupuestaria, y mucho menos a una crisis de pagos-. Salir de esa crisis supone una decision de política económica que implique blanquear la verdadera tasa de inflación de la economía argentina. El efecto político de dicha medida es un riesgo que una presidenta que intenta a toda costa bajar su perfil y sostener su popularidad no puede permitirse a 6 meses de las elecciones presidenciales.
La Argentina enfreta a su propio espejo y a los límites de su propio crecimiento.