dijous, 27 de març de 2008

(castellano) Lectura no argentina de la Argentina que no desean los argentinos


Llegaba ayer al apartamento de mi amigos Nicolás y Mavi en Amsterdam y me sobrevino la información sobre las caceroladas en la calle. Me choca que, ante la brevedad del gobierno de Madame Kirschner, ya existan quejas en la calle.
¿Grave?, le pregunto a mi anfitrión. Está pendiente de Radio mitre, me enseña videos de las quejas y le insisto en que aquí también hay bastantes manifestaciones. Óbviamente todavía no entendí nada.

Lo primero que me choca es que ante la previsión de perjudicar fiscalmente al campo el que se manifieste no sea el campo. Ahí llega una primera contradicción, la propiedad de las tierras no es del campesino sino de determinados propietarios que viven cómodamente en la ciudad.

Hasta ahí bien puede tratarse de una cuestión de ver las cosas de otro modo, de un choque clásico de la izquierda contra la derecha, del capital contra el gobierno que quiere apoyar a las clases populares. Seguro que esa lectura la hemos encontrado hoy en muchos rotativos europeos y en algunos opinadores. Y quizá en una lógica europea no iríamos desencaminados. Veamos entonces por qué Argentina es diferente.
Uno de los problemas de fondo es que el Gobierno, indirectamente, le está pidiendo al propietario (ya no me meto si pequeño, mediano o grande) que sea competitivo con una Europa que la oprime con barreras comerciales y un gobierno argentino que le sube los impuestos.

El elemento grave y que merece respuesta por parte de Europa es laexistencia de Piqueteros oficialistas. Cuando me hablan de esa figura me viena a la cabeza los piquetes sindicales. Es parecido. Ahora bien, lo que uno no espera es que sean tipos enviados por el peronismo más radical. Como dicen allá, son enviados para "liarse a trompadas" contra los manifestantes. Y lo consiguen porque, para más inri, la policía se va. Busquen en google a un tal d'Elia y se darán cuenta de que realmente es como topar con un muro.

Dicen que previenen comportamientos golpistas de los propietarios. Lo dicen los que cargan contra otros, los que no aceptan que haya un espacio público dividido. Lo dicen los que gobiernan. Ahí existe un choque frontal entre la misma concepción del orden que la sociedad argentina y cualquiera europea: el orden se ejerce de manera legítima por la policía, ¿cómo legitiman la preservación del Status Quo con la autoridad piquetera?. ¿Se imaginan que los progresistas españoles envían a atletas de lucha canaria de 220 kgs. contra los manifestantes a favor de la familia tradicional?

A corto plazo ya se pueden atisbar consecuencias: faltará harina, faltará leche (pese a tener vacas para dar de comer a toda Europa), faltará maíz. Y Cristina apelará al orgullo nacional, a la paciencia de la sociedad para salir adelante, al orden del Estado de Derecho. ¿De qué estado de derecho nos hablan?