dijous, 29 de març de 2007

El último rey de Escocia

El pasado domingo fui a ver El último rey de Escocia, una película que se presentó aquí poco antes de los Óscar y que juega la carta de la interpretación magistral de Forest Whitaker como el dictador Amin.
La película tiene un inicio un tanto autobiográfico, centrado en el Doctor Nicholas Galligan, un joven médico que decide empezar su carrera colaborando fuera de su natal Escocia. Un golpe de suerte (de buena al principio, de mala al final) le permite conocer al recién llegado presidente de Uganda, Amin, que pocos días más tarde lo cita en Kampala para ofrecerle ser su médico personal.
A partir de ese momento la película muestra el antagonismo del dictador Amin, que tiene que convivir con una disidencia comunista que repele con brutalidad, y su médico convertido en asesor más directo por la falta de confianza de Amin en todo su entorno.
Lo mejor de la película es el ya citado Whitaker, que en versión original está genial porque realmente habla el inglés como lo hacen en África, y el dinamismo. Son dos horas que al principio van de forma lenta pero que tiene una última media hora trepidante. El punto débil es quizá que hay demasiado interés en los motivos del cambio del personaje protagonista, el médico, y poco en la evolución real de Amin. El personaje, y el actor, daban para más.