dijous, 8 de febrer de 2007

Sobre la autonomía federal del PSC. Publicado en la Vanguardia (25 septiembre) Autor: Andreu Orte. Sección: Opinión

Tiene el Partit dels Socialistes de Catalunya realmente la autonomía que debería por su propio estatuto especial con el PSOE? En el ámbito de la política catalana, se ha criticado al PSC por recibir injerencias desde Madrid en muchos ámbitos como son la selección de candidatos o la política de coaliciones. El episodio más reciente es la supuesta sugerencia, por parte de Zapatero, que pasaría por la dimisión de Pasqual Maragall y el acuerdo de una posible coalición socio-convergente, todo ello acordado en el entorno de la negociación por el Estatut con el líder de CiU, Artur Mas.

Existe otra relación de dependencia, criticada en ocasiones por el Partido Popular, de naturaleza contraria, que bien podría llamarse autonomización del PSOE. Se trataría del proceso por el cual las estrategias estatales están condicionadas a unas posiciones de sus elites autonómicas. Es la relación inversa y, al parecer, es signo de debilidad y de falta de coherencia interna: dos ejemplos recientes ayudan a ejemplificar el fenómeno.

El Plan Hidrológico Nacional puso en jaque la estrategia del PSOE. Dos barones, Bono e Ibarra, defendieron en un primer momento la propuesta popular. Al contrario, Maragall e Iglesias se mantuvieron en una posición contraria. El PSOE no tenía más remedio que, o bien negar cualquier opinión particular sobre una política de rango regional (el beneficio de unas regiones contra el impacto medioambiental de otras) e imponer una posición definida, o bien esperar a fijar una posición que fuera cercana a ambas partes. Decidió una vía alternativa y fijó una posición que se basaba en el bilateralismo y un plan alternativo que permitiera paliar la carencia de agua sin perjudicar al Ebro. Una posición que se reconoció condicionada por las divergencias entre barones regionales.

Un segundo capítulo donde se demuestra que la regionalización del PSOE es evidente se encuentra en el cambio de estrategia de apoyo estable en el Congreso de los Diputados. Durante el periodo 2004-diciembre del 2005, el PSOE mantuvo unas relaciones mucho más intensas con ERC que con CiU. Nadie duda que fuera gracias a la existencia de un tripartito. A medida que el tripartito se iba debilitando, fruto de varios episodios de choque entre PSC y ERC, en las filas del PSOE quedaba el convencimiento de que un cambio de socio en el Congreso podría tener efectos en la política catalana.

Los ejemplos antes citados demuestran, tal como se prueba en otros países de características similares, que en un entorno de regionalismo o federalismo, los partidos de ámbito estatal viven en una interdependencia constante entre sus elites regionales y sus elites estatales. Así sucede en Gran Bretaña, donde la política británica ha vivido un crecimiento del componente escocés en el debate político.

La interdependencia no sólo lleva a que el PSOE afecte en las decisiones del PSC, que impulse y defienda a un candidato para suceder a Maragall o que utilice un posible acuerdo con convergentes para obligar a ese cambio. También existe la vía contraria, la obligación de escuchar y representar los intereses de las elites regionales en el aparato central del partido, algo que ocurre constantemente en la inmensa mayoría de partidos que actúan en realidades similares.

Bien podría el PSC romper con el PSOE, como en Bélgica, donde ya no hay organizaciones de ámbito estatal. Este escenario, el que parecen recomendar al PSC tanto CiU como ERC, resulta complejo en España, incluyendo el PP. Aunque sea sólo en referencia a las políticas de coalición, la importante presencia de partidos de ámbito estatal en el Congreso de los Diputados obliga a tener que emprender relaciones con estos partidos que permitan mantener gobiernos estables. Esa buena relación suele tener continuidad a nivel autonómico.

Llegamos, por tanto, a la paradoja del asunto. La interdependencia PSOE-PSC, al igual que en el periodo 1996-99 (PP-PPC) es beneficiosa para ERC y CiU. Puede tener episodios de divergencia programática o de criterio, pero en líneas generales permite a ambos partidos obtener una mayor presencia y poder de discusión y visibilidad en el espacio político catalán, sea en el Parlament o en el Congreso de los Diputados a la hora de tratar temáticas catalanas. Se critica una interdependencia que, lejos de ser negativa para ERC y CiU, permite un mayor grado de poder de ambos.